27 septiembre 2005

TEXTO y fotos







Elegimos un espacio, para habitarlo, para trabajar, para conectarnos con él. El espacio también nos elige a su manera, por proximidad o circunstancia, por grado de accesibilidad a su valor, aunque sea transitoriamente. Inmediatamente se entabla una relación, que puede resultar fácil o trabajosa, fecunda o magra.
En este caso, el espacio elegido está inmerso en un ambiente donde parece predominar lo natural, donde el agua a su vez une y a su vez separa y se mantiene como sustrato principal de todas las manifestaciones, humanas y naturales.
Apenas entablamos relación con dicho ámbito, apenas lo empezamos a habitar, empezamos a seleccionar. Seleccionamos para abrirnos camino. Seleccionamos para aprovechar los alimentos. Seleccionamos por higiene y salubridad. Seleccionamos con objetivos económicos de provecho y rentabilidad. Seleccionamos con una idea particular de belleza o de preservación.

"La vista del campo, la sucesión de aspectos agradables. El aire, el fuerte apetito, la buena salud que adquiero caminando, el alejamiento de todo lo que me hace sentir dependiente, de todo lo que me recuerda mi situación, todo eso libera mi alma, ma da una mayor audacia de pensamiento, me arroja, de alguna manera, a la inmensidad de los seres para combinarlos, elegirlos, apropiármelos según mi deseo, sin molestia y sin miedo. Dispongo como dueño de la naturaleza entera; mi corazón, vagando de objeto en objeto, se une, s identifica a aquellos que lo adulan, se rodea de imágenes encantadoras, se emborracha de sentimientos deliciosos." J.J.Rousseau

Esta selección implica una postura, que se va transformando a medida que el habitar y el transitar van enriqueciendo y modificando el conocimiento que tenemos del lugar, y a medida que éste a su vez nos va transformando como personas.
Esta postura viene ligada a una ética personal, quizás preestablecida, que condiciona la manera de relacionarnos con el espacio y sus habitantes, sean éstos plantas, río, gente, construcciones.
Personalmente me interesan las nociones de preservación y curación, asociadas a un lugar y a quien se relacione con él.
La intención de curar implica, antes que nada, un diagnóstico de la enfermedad. Quizás también esta misma selección inevitable sea vista como algo a curar, no ya en aquellos que fueron desechados, sino dentro de los elegidos mismos. Elegir, curar, preservar, esa sería la cadena de acciones. Preservar para establecer una relación, para entrar en contacto.

En mi trabajo, y a la manera de los objetos relacionales de Lygia Clark, me interesa evidenciar por medio de una representación exteriorizada de sistemas orgánicos internos estas acciones. Los objetos relacionales de Lygia, que así se llamaban, estaban destinados a producir, al ser aplicados periódicamente sobre el cuerpo de sus "pacientes", una serie de cambios psíquicos, la sensación física de alivio, la cesación de los bloqueos, en síntesis, una liberación, al menos temporal, de las constricciones habituales de sus respectivas estructuras psíquicas. Lo que curaba no era en este caso, en absoluto, la verbalización de un algún trauma original, sino más bien un encuentro programado con lo no idéntico: el lugar sin lugar de un cuerpo cuyos límites serían los del mundo.
En mi trabajo, esta mediación del objeto se produce de manera metafórica, el objeto no actúa como mediador entre una persona y su cuerpo (o su sensación del cuerpo), sino que toma a otro objeto como representante del cuerpo interno e interactúa con él, como si exteriorizara sus funciones. Es una representación del acto curativo. Es un arte estructurado como lenguaje, pero lenguaje reflexivo, medio de autopresentación de un sujeto ante sí mismo.

"El arte y el lenguaje nos sujetan a sus leyes y nos imponen sus códigos pero pueden crear espacios de cuestionamiento y de reinterpretación, de emoción y de belleza…Hoy es necesario fomentar nuevas relaciones de deseo, establecer transferencias con personas, objetos o sistemas simbólicos que permitan que se genere esa "plasticidad transferencial" que nos ayude a curarnos y a sanar el mundo en el que vivimos. Hemos de permitir que el arte ocupe otros lugares y que a veces sea un mediador tan cálido, tan crítico o tan doloroso como un/a asistente social."Rosa Martínez, 2000

Maria Ibañez Lago

1 comentario:

viviana macias dijo...

cuando recibi las fotos de María, vi que se unian a un texto que me escribio Eduardo sobre la filosofia oriental.
"... porque pintar la montaña y el agua es retratar al hombre, no tanto su retrato físico ( el cual no está ausente), sino por sobretodo su retrato espiritual."