28 octubre 2005

TEXTO

El 6 de octubre de 2005 hice una travesía por el delta, invitada por Viviana Macías, artista . Fue un viaje de incógnitas, a cielo abierto. Una apuesta entre el río y la sorpresa.

Cuánto de la vida queda en los anaqueles... archivo vivo, de nuestra memoria sin que nos autoricemos a develar volviendo, en el río del sueño. Hacia donde nunca se estuvo y sin embargo pertenecemos.
Recuerdos infantiles de un Tiempo entramado en minúsculas teselas, donde las palabras claman por volver. Volvemos la mirada hacia un tiempo temido: allí las lianas han estrangulado troncos, sin árboles, erosionados en la marca de la asfixia.
Otros, elevados al sol en los que trepan insistentes miradas albergando el día. Pero la noche no se asusta. Las sombras se curvan delatándola en los oídos y sin darnos cuenta se bifurca el sendero.
Tientan las zarzamoras con sus vocales en la boca. El sol y las espinas cierran el paso y un tajo de machete se abre en la mano, mientras luce el blanco de sus flores.
Otra vez los recuerdos. Allí... detrás de la maleza, en incipiente oro, ellos, los turgentes lirios amarillos como ojos de tigre, solapados en el borde de un pantano. Bellos. Victoriosos candelabros encendiendo otros soles, los primitivos que aletargan el poder invisible del misterio.
Como ellos, aparecen las palabras. Translúcidas y casi ahogadas en la garganta de la tierra, que llora o se quiebra cuando no afloran.
Perdidas en un laberinto de agua interior que sube y la filtra escuchan nuestros pies anegados, que hablan en la bifurcación. Se detienen para acomodarse, se mueven queriendo desprenderse, hundiéndose en una viscosa sustancia, casi animal.
Resuenan nombres y una historia queda allí. Es una pausa de la naturaleza que se hace vértigo en lo extraño. Paralizada hunde su mirada en el cielo. Entonces los pies se adelantan. Se apuran entre árboles caídos. Los pies hablan. Las palabras corren. Los cuerpos no se deciden.
Llueve.

Beatriz Subrié

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