16 marzo 2006

SENDEROS

Comenzé realizando "trazos" sobre la tierra.
Caminando, abriendome paso con mi cuerpo entre la vegetación.
Los trazos se convirtieron en senderos.
Lugares de transito de ideas, de pensamientos, de exploración.
Espacios para ser habitados, temporalmente, por palabras, historias, obras.

Me interesa la imagen que propone G. Deleuze sobre el espacio del nómade.(1)
Cuando habla de espacio puede referirse a un espacio físico, a un modo de habitar, y en última instancia, a un modo de ser. A un ser en devenir. Sobre esa idea se ancla el concepto de espacio liso, asociado a la figura del nómade.
Deleuze plantea: " el espacio liso es un espacio abierto, donde se distribuye algo, se encuentra lugar para uno mismo, para una cosa. Lo que se mueve no se mueve por referencia a otras cosas, sino que marca un trayecto libre en el interior del espacio.
Es el espacio de la expresión, del diálogo, en el que los interlocutores son modificados mediante la conversación. El espacio no está codificado previamente, sólo está marcado por 'trazos' que se borran y se desplazan con el trayecto.
Esa localidad es lo que crea el nómade: un lugar móvil en el espacio liso. Cuando pasa, el nómade deja marcas que con el tiempo se borran. Marcas de la travesía, no marcas que quedan y que van a limitar a otros. El nómade habita un territorio que nunca abandona. Va de un punto a otro sin agotarlo nunca, pues posee una característica fundamental: la clara y fuerte conciencia territorial, su ser y el de la tierra que habita participan hermanados del mismo espacio existencial. "

(1) Gilles Deleuze y Felix Guatari, Mil Mesetas, capitalismo y esquizofrenia, Valencia, Pre-textos, 1994

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