18 septiembre 2008

FLUIDO Y SINCRONICO

FLUIDO y SINCRÓNICO
Fernanda Ruiz, Guillermo Bruno, Juan Astica, Carola Zech.


EL VIAJE

Desde la complejidad del viaje, la extensión que nos separaba en kilómetros de nuestro medio habitual nos impuso un ritmo de trabajo propio, no urbano. Condiciones extrañas y desconocidas enrarecieron nuestro particular modo de trabajo.


AMARRAR
El sitio

Amarramos desde nuestra elección a un borde terrenal, cerca del agua, un lugar paradisíaco, exhuberante en texturas, colores, formas, olores, movimiento.
Esta experiencia sensorial nos motivó.
Ahí anclamos nuestro proyecto.
Amarrar, anclar, fluir, soltar, fueron las primeras ideas que dieron un sentido a lo que íbamos a hacer.


FLUIR
El agua

El soporte movedizo, inquieto e impredecible, hizo que fuera necesario descubrir su lógica, sincronizar con la dinámica fluída del río en su diverso cotidiano.
Experimentar con diversidad de elementos encontrados cerca de nuestro alrededor; exóticas posibilidades: piñas, pinocha, cortezas, ramas, hilo, fue la acción primaria.
No todo nos sería útil.

Vimos la posibilidad de dibujar en el agua con hilo. Pero el hilo se mojaba y su propio peso lo hundía.

El proceso de elaboración de dicho “dibujo”, fué revelando paso a paso numerosos factores que permitirían ayudar a reconstruir un “cierto mapa” o demarcación de un determinado territorio, precario, inestable y cambiante, como resultado de impulsos que fueron provocando la necesidad de ir tomando decisiones grupales.

El fruto de cada una de estas decisiones quedó plasmado en un estado flotante, constituído por cada uno de los hitos con sus específicas características: cantidad de trocitos de corteza, largo del hilo, extensión de los flotadores, impulso al arrojar, el lugar elegido, peso y dimensión de las pesas.

El proceso se realizó minuciosamente y a pesar de la precisión que requería cada procedimiento, todo resultaba extremadamente desconcertante.

Diseñamos un sistema de anclas y flotadores, así se unirían y se harían visibles los hilos, las líneas: el “dibujo” como acto de presencia, en este caso grupal, en un determinado cruce espacio temporal.

La intervención de lo cambiante del soporte de la acción, y la sensación de lucha por establecer algo que permanentemente era amenazado por las fuerzas del lugar, generó un cierto interés.

De manera que en algún momento, el fluir del río, el cambio de la luz, la acción del viento, la intervención del oleaje creado por las lanchas que pasaron, eran iguales al fluir de las ideas, la toma de decisiones, y el fluir del pensamiento de cada uno de los integrantes de la experiencia, a tal punto de perder los límites de la individualidad de cada uno de estos factores.


SOLTAR
El otro.

Descubrir algo en el otro, intuir el movimiento dinámico de su pensar, actuar y sentir fue clave para encontrar la sincronicidad en el arrojar.

Lo sorpresivo de la aparición del diseño final del dibujo y un soltar que no sólo fué del grupo hacia el dibujo sino que el dibujo también soltó al grupo. Quedó flotando según su propio destino, de la misma manera que los dibujantes quedaron liberados al suyo.

El “dibujo” quedó establecido en el mismo lugar al que arribamos y del que partimos, dejando ver que ambos extremos son uno. Como si el tramado de dicho dibujo hubiese entrelazado el principio y el fin, y tanto el amarrar como el soltar se fundieran en el fluir de los elementos.


Un fluído arrojo sincrónico que lanzó nuestras miradas lejos al agua y las volvió cerca a la tierra, en el lapso de un día que contuvo este acto individual y grupal, tan efímero como intenso.

Una expansión del concepto “dibujo”, una energía grupal “inteligente” que actúa en medio del fluir sin parar de la naturaleza.

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