24 noviembre 2008

Estructuras efímeras.
Notas sobre un viaje.

El arte como una actividad excedentaria, que nos queda, el abandono de nosotros como resto minúsculo en la naturaleza.

“Yo” no es el que crea, el mundo esta ahí, para que reforzar la vana presencia de “soy” cuando ya se “es” des/pliegue de mundo, cuando desde siempre “somos”. Ser mundo.

En los artistas. Colectivo, agrupación de identidades, polifonía de yo´s. Cuando las hormigas, son todas las que dan un mismo pasó, olvidándose de quien son.

Demandar propiedad sobre la mirada, sobre la imagen, es absurdo, cuando lo que se presenta es lo impropio, lo que nos excede, esa mirada que se nos devuelve y desarma el frágil lugar que nos sostiene.

Entre límites, entre formas y desformas, el mundo ya habla susurrando, para que hacerlo hablar con el ruido de nuestra voz. Escucharlo en silencio.

En el bosque, el eco nunca regresa completo, nos perdemos buscándolo, nos hacemos presentes ausentes, que inician un movimiento ya iniciado, sintiendo en su fin la continuación y extensión del sin fin de ese sonido del propio bosque.

El arte no es representar, es presentar, mostrar el ritmo que ya esta ahí y que frágilmente se pliega en la imagen. Ver con sorpresa como por la primera vez, sabiendo que esa mirada munda del mundo ya nos veía antes de verla.

Frágiles estructuras, dispuestas siempre a quebrarse para así abrir y no cerrar el movimiento. Frágiles estructuras, sutiles intensidades que continúan y vislumbran lo hondo del mundo ya desde siempre inscripto en mí.

Frágiles estructuras, una hormiga que pisa tan fuerte como el hombre, una mariposa que se hace intervalo entre el cielo abierto y el profundo bosque, una hoja que hace vibrar y se deja llevar por el agua que dibuja el tempo de la vida.

Frágiles estructuras, que son el archivo vivo, la acumulación siempre sin límite, la prehensión que termina derramándose sobre la superficie del mundo, de la cual ya es extrañamente familiar. Frágiles estructuras como concentración del mundo, que se archiva efímeramente para percibirlo, tocarlo y sentir que en el se esta vivo, aunque desgarrando.

Estructuras efímeras siempre construidas y deconstruidas por el “otro”.

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